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La amenaza constituyente

Por Vladimiro Mujica

Después de los dos meses más largos de nuestra historia republicana, con decenas de muertos causados por la represión, y miles de heridos y detenidos, es indispensable hacer un balance en el cual deben participar tanto los ciudadanos como la dirigencia de la resistencia. Lo difícil de este ejercicio es que el mismo está profundamente intervenido por las emociones. No puede ser de otra manera cuando hay tanto sufrimiento y tanto heroísmo de por medio.

La primera y quizás más importante constatación es que el régimen dictatorial de Nicolás Maduro ha perdido su legitimidad y su base de sustentación popular. Esta es, por supuesto, la razón fundamental por la cual desde el poder se han saboteado todas las iniciativas de participación electoral, desde las elecciones de gobernadores y alcaldes hasta el referendo revocatorio. Pero el régimen astuto y cruel está preparando un nuevo zarpazo contra la democracia venezolana, imponiendo una Asamblea Nacional Constituyente donde los miembros son elegidos en una operación fraudulenta y violatoria de los principios de la Constitución. El principio que se vulnera no es otro que el de la soberanía popular. La Constitución establece de modo inequívoco que si bien el presidente, en Consejo de Ministros, tiene la autoridad para iniciar la convocatoria a la ANC, no puede usurpar la representación del pueblo soberano e imponer unas bases comiciales que no se basan en el principio de “un ciudadano un voto.” Este es el fraude central y sobre el cual es necesario insistir con nuestra gente y en la comunidad internacional.

La amenaza contenida en la convocatoria espuria y fraudulenta a la ANC no puede ser menospreciada ni despachada con desprecio por quienes se sienten mayoría, es decir por nosotros, la resistencia. Es necesario combatirla con inteligencia política porque de instalarse la ANC que propone Maduro, el régimen contaría con una poderosa herramienta de legitimación interna e internacional para terminar de consagrar a Venezuela como un estado comunal y comunista a la cubana. Todo hecho con una nueva constitución para respaldar una triquiñuela obscena que insulta al mundo civilizado y que usurpa la soberanía del pueblo venezolano.

El asunto es que para oponerse a la convocatoria chimba a la ANC es sin duda indispensable la presencia de la gente y la resistencia en la calle, pero no parece que esto vaya a ser suficiente para detener el intento del régimen. El control del CNE y el TSJ, unido al ejercicio de represión cruel e indiscriminado le dan al gobierno herramientas muy poderosas para imponer su plan a través de una combinación de terror y audacia. Que no nos quepa ninguna duda: el régimen está dispuesto a jugárselo todo por mantenerse en el poder y la resistencia también debe tener esa fortaleza y esa disposición para restaurar la libertad y la democracia. Indispensable es reconocer aquí el increíble valor ciudadano de nuestra gente y la unificación que se ha producido en el liderazgo opositor. Sin duda han ocurrido otras luchas en otras partes del mundo, pero ya nadie les puede dar lecciones de valor cívico a los venezolanos.

Pero frente a un adversario despiadado y astuto no es posible conformarse con tener razón, ni siquiera con ser la mayoría, que lo somos. Es indispensable despejar el camino para que se pueda discutir lo que conviene hacer en este momento sin caer en la trampa de creer que quienes así lo plantean son débiles y vendidos al enemigo. Son los tiempos de unificar a todos quienes defienden, desde cualquier terreno, la Constitución. Ello ciertamente incluye a la resistencia, pero también debe incluir a sectores del chavismo originario que, por la razón que sea, se oponen a la convocatoria fraudulenta a la ANC. Son los tiempos de exigirle a esos grupos que asuman la responsabilidad de encontrarse con la mayoría del pueblo venezolano y a nuestros dirigentes y a nosotros mismos que despejemos los caminos para que eso sea posible.

Son también los tiempos de replantear lo que Julio Borges anunció el día que el gobierno dio a conocer sus planes para la convocatoria chimba a la ANC. Que la presencia en la calle de la gente tenía que traducirse en un acto electoral de consulta al pueblo, con o sin CNE. No se puede dejar sin respuesta un acto electoral fraudulento como el que pretende el régimen. Y eso no debilita el esfuerzo de calle, antes, al contrario, le da rumbo y nueva fortaleza. No cabe duda que la explicación que se dio al comienzo a esta idea fue insuficiente y generó críticas y suspicacias, pero es la idea correcta y hay que rescatarla.

Son, finalmente los tiempos de exigirle a la Fiscal General de la República que inicie los trámites legales para enjuiciar al presidente de la República por violaciones a la Constitución. Ello debe ser calificado por la AN y en este momento la convergencia entre el poder legislativo y el ministerio público podría tener el calibre para que finalmente se dividan los militares, el chavismo o ambos. Algo que tendría la fuerza para detener el fraude de la ANC y para eventualmente abrir una negociación que detenga el derramamiento de sangre de venezolanos.

No cabe duda de que la resistencia no se puede retirar de las calles sin obtener un triunfo muy importante que abra el camino a la recuperación de la democracia y la libertad en Venezuela. Ya se ha ido muy lejos y lo contrario sería una catástrofe para el movimiento opositor. Pero también es indudable que en tiempos tan críticos y complejos es indispensable considerar con inteligencia y frialdad las opciones que se abren. Sin abandonar la calle, pero entendiendo también que hay otras fuentes de fuerza ciudadana.

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