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Dos lecturas con el 99% escrutado: ¿el 16J fue protesta o elección?

El Pitazo

Por: Oriana Vielma – Caracas
Foto: Vanessa Tarantino

Todavía la noche del lunes llegaron a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) datos de la participación en la consulta popular del domingo 16 de julio, tanto del interior del país como del exterior. Inicialmente, al anunciarse el 95% de escrutinio, se conoció que 7.186.170 venezolanos acudieron al llamado de desobediencia civil organizada sin el Consejo Nacional Electoral, pero al día siguiente, con el 99% de votos contados, la cifra aumentó a 7.535.259 votos.

Una vez conocida la participación muchos se preguntaron qué significado tenía esa cifra: ¿la oposición ganó o perdió?, ¿se superaron las expectativas?, ¿7,5 millones de participantes es bueno o malo para Nicolás Maduro y su propuesta constituyente? Respondiendo a estas preguntas, dos líneas argumentativas tomaron forma.

Hubo consenso en describir la jornada como una victoria simbólica: más de siete millones de personas salieron a la calle para participar en 2.030 puntos locales y 612 puntos del exterior (82 países), bajo una organización ciudadana y con el único respaldo institucional de la Asamblea Nacional. Fueron los detalles los que finalmente terminaron bifurcando las opiniones.

Para algunos analistas bastaron las fotos en la cola, para otros importaron los datos de asistencia. Los primeros alegan que, al no tratarse de una elección regular, no deben compararse los resultados con otros eventos comiciales; mientras que los segundos reclamaron las quemas de cuadernos electorales como un obstáculo para una posterior verificación numérica. En este punto se dividen los que entendieron el proceso como una protesta –quizás el dato histórico más relevante– y aquellos que la vieron como una elección, considerando igual todas las diferencias organizativas que tuvo el evento. El Pitazo revisó un poco de ambas.

Porcentajes de participación

El rector de la Universidad Metropolitana, Benjamín Scharifker, uno de los garantes del proceso, informó la noche del lunes en rueda de prensa que Miranda y Zulia fueron los estados con mayor participación al contar con más votantes, pero analizar ese dato por sí solo puede resultar insuficiente.

El 16J no tiene precedentes. Ciertamente, no puede interpretarse como una elección tradicional al momento de analizar los resultados porque no hay forma de verificar con exactitud el número de votos obtenido, este es el argumento sobre el que se sostienen las críticas de voceros gubernamentales para deslegitimar el proceso. Sin embargo, la única manera de saber si fue el proceso cumplió las expectativas es establecer algunas semejanzas y, aunque estar inscrito en el Registro Electoral no fue requisito para acudir a votar, esa base de datos sirve como parámetro comparativo de participación.

Miranda, por ejemplo, se erigió como el estado con el mayor porcentaje de asistencia, con 969.132 votantes, alrededor del 46,8% del Registro Electoral de la entidad (2.070.776); seguido por dos estados andinos. En Mérida, acudieron 267.580 personas al llamado de desobediencia civil, que representa un 44,5% del padrón regional (de 601.949 electores), y en Táchira, participaron 358.681 personas, alrededor del 41,5% de los usualmente habilitados para votar allí (864.708 electores).

Baja asistencia en Caracas
De las entidades con mayor número de electores, Distrito Capital tuvo el porcentaje más bajo de participación en esta ocasión. Acudieron 439.466 electores que, comparado con el RE, representa un 26,51% de votantes que se sabe tienen más de 18 años y están capacitados para votar en la entidad. Por seguridad muchos electores decidieron trasladarse a zonas alejadas de su domicilio y ejercer su derecho a la protesta en una entidad distinta de donde suele votar. Esto pudo ocurrir en la ciudad capital venezolana que cuenta con 1.658.012 personas inscritas.

Aquí es donde las interpretaciones se fragmentan. Sobre los datos de la capital venezolana podrían decirse dos cosas: a) 439.466 personas protestaron el domingo en Caracas ob) de 1,67 millones votantes que podrían esperarse en la entidad, alrededor del 26,5% participó en el plebiscito. Todo dependerá del punto donde se ubique el analista.

Los estados con menor participación fueron Amazonas, con 20.613 electores (19,32% del registro), y Delta Amacuro, con 23.354 votantes (19,63% del registro). Los datos de estas dos entidades se explican con facilidad, pero el caso de Caracas representa una anomalía, una muy difícil de resolver.

En general, el promedio de participación se acercó al 32% del registro total, que hasta el 30 de abril de 2017 tenía 19.805.002 electores, sin incluir a los participantes fuera de nuestras fronteras territoriales (693.789 votos). De los 24 estados, nueve estuvieron por debajo de este promedio y 15 por encima. Hay que considerar que, en esta oportunidad, votaron personas que probablemente nunca se habían inscrito ante la autoridad electoral, como venezolanos en el exterior, naturalizados y jóvenes que alcanzaron recientemente la mayoría de edad para acudir a las urnas.

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“La clave no será el número total de participante, sino la conducción política que reciba ese grupo de ciudadanos, y quienes no participaron pero rechazan la ANC de Maduro”, escribió el periodista especialista en materia electoral Eugenio Martínez, haciendo referencia a lo que considera el punto álgido de la discusión: ¿qué pasará después? A continuación, dos visiones numéricas que tuvieron fuerza.

Maduro revocado
Los analistas de la segunda corriente revivieron las presidenciales de 2013, en las que Maduro obtuvo 7.505.338 votos (50,61%), con una ventaja de apenas 234.935 sufragios en relación a su adversario Henrique Capriles Radonski. También recordaron las parlamentarias de 2015, cuando la oposición se convirtió en mayoría electoral después de 17 años, respaldada por 7.707.442 electores (56%).

Bajo esta mirada, el mandato del Jefe de Estado fue simbólicamente revocado: el rechazo manifiesto en su contra superó por 29.921 votos lo que le permitió convertirse en la máxima autoridad del Ejecutivo. Esta lectura fue respaldada por el presidente del Poder Legislativo, Julio Borges, por ejemplo, e implica asumir que la mayoría de los asistentes rechaza la gestión de Maduro, y no exclusivamente su propuesta de la Asamblea Nacional

Constituyente. El problema es que ninguna de las preguntas se refirió expresamente a la gestión del mandatario y, por tanto, resulta difícil medirlo así. El valor de esta interpretación es político y reviste legitimidad a la oposición para la toma de decisiones “entonces, no fue posible obtener esta medición con los resultados de la consulta”.

Por los 10 millones

Al dividir las 14.282 mesas entre el número de votos obtenidos da un aproximado de 528 electores por mesa durante todo el día, alrededor de 66 votantes por hora. Es decir, cada elector tardó alrededor de 54 segundos en votar.

Quienes hicieron este cálculo pusieron especial énfasis en la variable “número de mesas” y proyectaron que con las 40.601 habilitadas en las parlamentarias del 6D ese resultado podría duplicarse en comicios futuros y llegar hasta los 10 millones, una cifra eternizada como la máxima expectativa del líder oficialista Hugo Chávez. Pese a que quedó en evidencia que el voto manual puede resultar mucho más rápido que el automatizado (la rigurosidad técnica no viene al caso), el tiempo de votación no basta para predecir un resultado electoral.

La única certeza es que las discusiones sobre la veracidad de los resultados tiene una única solución posible: elecciones libres, universales, directas y secretas. Una medición en el Sistema Automatizado de Votación entre el oficialismo y la oposición, sin trampas ni escapatoria.

DOS LECTURAS CON EL 99% ESCRUTADO: ¿EL 16J FUE PROTESTA O ELECCIÓN? REDACCIÓN ORIANA VIELMA | INFOGRAFIAS YÉSSICA SUMOZA | FOTOS VANESSA TARANTINO

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Resulta evidente que el aval no implica disposición a votar. Según Datincorp, 44% de los venezolanos (8 millones de personas), estaban dispuestos a participar mientras que Datanálisis aseguraba que podían acudir máximo 7.5 millones de venezolanos. Con este panorama, un proceso inédito con escasa infraestructura, se generó la protesta del 16 de julio.